lunes, 9 de febrero de 2015

En un segundo.

Se hallaba ahí; de nuevo.
Escuchando el tic-tac del reloj.
Con la mirada perdida en el techo.
Con sus extremidades extendidas.
Pensando en todo.
¿Cuándo pasó eso?
Sólo pasó.
Todo comenzó a doler.
Todo comenzó a hacerla llorar.
Todo se volvió menos nítido.
Todo se volvió más oscuro.
Todo lo absorbía.
Cada vez tropezaba más.
Cada vez era más callada.
El dolor en su pecho era patente.
Las ojeras hablaban.
De todo lo que en las noches pasaba.
¿Desde cuándo gritaba así?
¿Tan inaudible y a la vez tan agudo?
Sólo pasó.
Los días eran una tortura y las noches un infierno.
Cuando miró hacia atrás.
Sólo vio cúmulos de problemas.
Desde ahí jamás volvió a ser igual.
Y no digas que no se puede estar muerto en vida.
Porque sí que se puede.
Sólo mírala...
Sólo mírame...
¿Aún lo dudas?

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