viernes, 25 de septiembre de 2015

Lagrimas de Sirenas

No sé si conozcan las famosas «Lágrimas de Sirenas», mejor conocidas como «Sea Glass», se trata de unos cristales muy apreciados en la joyería y muy difíciles de encontrar. ¿Cómo se forman? Por vidrios que de una u otra forma llegan al mar son pulidos gracias a las olas y la arena hasta quedar en guijarros translucidos. ¿Saben cuánto tiempo tarde en lograrse esto? 10 años para pulirse y otros 30 para conseguir su forma redondeada.
Hace tiempo leí un relato relacionado con esos cristales, así que lo redactaré grosso modo, no recuerdo todos los detalles.

Un joven decidió ir a un monasterio para conseguir la paz que tanto necesitaba después de haber estado en la guerra. El monasterio estaba en un valle escondido tras unas colinas, había varias torres para meditar y cerca había un río para proporcionar agua al lugar, sin mencionar que el paisaje era bellísimo e inspiraba mucha tranquilidad, había jardines inmensos. Este joven por mucho que pasaba los días pidiendo perdón a los dioses por sus actos y por toda la sangre que derramó durante las batallas no conseguía calma... Un día una mientras paseaba por los jardines escuchó una voz que le llamaba, curioso siguió la voz, hasta que alcanzó a ver una sirena, con labios carnosos y una larga cabellera negra. La sirena le preguntó porqué pasaba los días pidiendo perdón, ella le escuchó con cuidado, desde que había llegado al monasterio lo miraba desde lejos, le llamó mucho la atención que un hombre tan joven estuviese en un lugar así. Pasó el tiempo, los dos se miraban cada día y conversaban, no duró mucho para que la sirena se diera cuenta de que estaba enamorada del joven, hasta que por fin se lo confesó, le confesó su amor, pero no fue correspondida. No porque el sentimiento no fuese reciproco pero es que no había forma de estar juntos. El joven le hizo ver que, él no podía respirar ni vivir bajo el agua y que ella no podía vivir sobre la tierra. La sirena pasó las siguientes semanas haciendo hasta lo imposible por cambiar su opinión e intentado encontrar una forma para que las cosas funcionaran, pero no pudo negar la verdad. No había nada que hacer. Ante lo evidente, se entristeció y no era una tristeza pasajera sino una abismal, no podía dejar de derramar lagrimas, poco a poco, día tras día, sus lagrimas se fueron convirtiendo en pequeñas piedras de color verde y gris. Verde por la esperanza que en algún momento mantuvo y grises por la tristeza de un amor imposible.

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