El final del día siempre llega. Y cuando creemos que ya ha
acabado, empieza el siguiente. Y así nos pasamos la vida; subidos en una noria
que no se cansa de girar. Ahora en cambio, parece que algo se ha
parado. En mi casa todos duermen, disfruto de un silencio profundo e incluso un
poco siniestro, pero todo se me pasa cuando miro al cielo, me fijo en la
estrella más grande y respiro hondo. Un día más ha pasado, un no parar de horas
que nos invaden dando forma a un miércoles cualquiera. Esa estrella te viene a
decir; no pasa nada, todo estará bien. Pero miro al cielo y pienso que
compartimos la misma Luna. Y no dejo de preguntarme si tú también alzarás
la cabeza y me recordarás como lo hago yo. El día termina pero falta algo, quizás seas solo tú. Ya nadie me pregunta qué me pasa,
será porque lo saben perfectamente. No sabes lo que daría para que fuera
el final del día, te acercaras lentamente y me abrazaras la espalda. Pero la
realidad es que la noche cae y tú no estás. No lo has estado, ni lo estarás.
Pero también sé que estaré bien, o por lo menos es lo que quiero creer. Eso es
algo que debí haber hecho tiempo atrás, antes de permitir que lo que pasó me
destruyera.
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